La telenovela latinoamericana es un icono inconfundible a nivel mundial que nos debe de llenar de orgullo. Es uno de los productos de exportación del continente con más impacto cultural, y que muestra como verdaderamente vivimos aquí. No en vano “Los ricos también lloran” fue traducida a casi todos los idiomas y solo en Rusia fue vista por más de 100 millones de brillantes televidentes. Aun más, desde el punto de vista político, en el mundo bipolar de la guerra fría, las telenovleas mantenía cierta tensión en la lucha de clases que, aunque no lo puedo justificar con estudios serios, tiene que haber tenido cierto impacto en las revoluciones de la región.
En realidad, la razón por la que considero este tema relevante es porque a partir de aquí se dan ciertos fenómenos interesantes que vale la pena discutir. Entre ellos, cabe mencionar que aquella relación entre mensajes de texto y conversaciones de tu, estaba influenciada por esto. Ese “TU” venía directamente de Verónica Castro o Adela Noriega. Otro punto importante son esos nombres de pila compuestos, que siendo claramente mas aceptables que los anglicismos con mala ortografía, tienen un impacto muy dramático cuando se gritan (e.g. Alejandro Gabriel, Rolando Federico, Esteban Alonso… si se los imaginan en voz alta, muy alta… creo que mi punto queda muy claro) y se instauraron gracias a estas novelas. Además, estas series crea una gran cantidad de expectativas en muchas jóvenes que sin intención de desilusionarlas, son bastante remotas.
En estos días que estoy algo desocupado, y por alguna razón salgo de mi casa con traje entero o por lo menos un saco, no me dejo de sentir como protagonista de telenovela. En todas ellas los protagonistas nunca trabajan pero andan de terno impecable todo el día. Pero creo que el punto más relevantes es lo simple, irrelevante, predecible, imposible y por que no estúpido de las tramas. Como me decía una amiga hace un par de días, con solo verla por 10 minutos, ya nos podemos poner al día con lujo de detalles de una historia que tiene ocho meses de estarse tejiendo. Lo que todavía no me explico es como son tan pegajosas… como nos dejamos conquistar. Es algo horrible, llegar a casas donde todas las actividades se paralizan frente al TV para verlas.
Si algo podemos rescatar del genero es el drama. Que maravilla tanto drama, si pudiéramos recrearlo en la vida real, que entretenido sería. Y finalmente, claro… la telenovela es la base del KITSCH latinoamericano. Todo es KITSCH, desde el vestuario y el dialogo hasta el drama (especialmente el venezolano) y la trama. Por eso, tan solo por eso, les debemos agradecer a sus creadores.
P.S. Entre algunas de las telenovelas que tengo a mi haber están: Simplemente María, Alcanzar una Estrella (I y II) y Topacio. Yo lo acepto, y espero que ustedes también lo hagan… pero no tienen porque confesarlo.
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